Shirin Neshat: artista iraní en el exilio.

Cuando mi fe colgaba
de la cuerda débil de la justicia
y en toda la ciudad
los corazones de mis farolas
se hacían añicos

Cuando el pañuelo negro de la ley
cubría los infantiles ojos de mi amor
y manantiales de sangre borboteaban
de las afligidas sienes de mi deseo

Cuando mi vida no era nada,
sino un tic tac de un reloj de pared
descubrí que debía,
que absolutamente tenía,
que amar locamente

Forugh Farrokhaud
Poeta iraní

Nada sucede por casualidad, todo  es por algo. El nombre de mi marca Soliloquy es el de un video realizado por una fascinante artista iraní Shirin Neshat, fotógrafa y cineasta afincada en Nueva York.
La obra de Shirin Neshat se centra en las dimensiones sociales, culturales, políticas, religiosas e ideológicas propias a los conflictos que viven las mujeres en las sociedades musulmanas contemporáneas, en específico, aquellas que radican en la comunidad iraní. A partir del imaginario que Occidente ha construido en torno a la mujer del Medio Oriente y su relación con el Islam, Neshat establece un novedoso discurso crítico en dos sentidos: contra estos estereotipos occidentales; pero también sobre los contextos sociales y políticos de donde son originarios. Para patentizar el carácter conflictual de estos contextos, Neshat se vale del recurso de la contraposición de opuestos que le permiten exponer el carácter polémico y binario del sistema en que viven las mujeres musulmanas: esto simboliza el uso del blanco y el negro, el exterior y el interior de los ambientes presentados, lo velado frente a lo corpóreamente mostrado, lo propiamente femenino frente a lo masculino.

 De regreso a Irán tras un largo periodo en el extranjero, Neshat quedó fuertemente impresionada por el país desconocido que tenía ante sus ojos, conmoción que trajo consigo por un lado una explosión de creatividad y por otro una mirada al Irán más espiritual. De ahí que sus fotografías y vídeo proyecciones tengan un marcado componente ritual. Las poses de los sujetos recuerdan a atávicas ceremonias religiosas. Cánticos y bailes ancestrales se incardinan en sucesos políticos y sociales contemporáneos. Alusivo a la tradición pero con una intencionalidad diferente es también el uso que la artista hace de la combinación de caligrafía y representación figurativa típica del arte persa. Un juego de opuestos, en fin, para mostrar el contexto dual en el que se desenvuelve la mujer en el mundo islámico.

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